Prison Memories: Guido Gazzilli y su serie acerca de las prisiones en Italia

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Texto: Prett Rentería
Fotos cortesía de Guido Gazzilli

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El castigo es para muchos la manera de corregir ciertas conductas, algo tan sencillo como aplicar a alguien un castigo cada vez que comete un acto indeseado. Regularmente, esta sanción es vertical, o sea que viene de arriba hacia abajo; desde los que detentan el poder (y, por lo tanto, quienes poseen el conocimiento de lo bueno y de lo malo) hasta los que deben ser aprehendidos por sus malas conductas. Sin embargo, poco se sabe del contexto de quienes terminan inculpados en una cárcel, por ejemplo. ¿Qué los llevó a realizar tal o cual delito?, ¿estaban conscientes (en un sentido ético) de lo que hacían?, ¿cualquier persona podría terminar encarcelada? Éstas y más preguntas surgen a partir de una principal, a saber, ¿cuál es esa fascinación por castigar a los delincuentes? ¿Hay acaso algo de goce en ello?

Sin detenernos a pensar en detalles sobre la relación entre la violencia reprimida al interior de nuestras sociedades y los sistemas penitenciarios en la actualidad, podemos enfocar nuestra atención en que las personas que reciben el castigo en las cárceles comparten en realidad casi todo con nosotros, incluso más de lo que imaginamos. Sus historias, anécdotas y vivencias antes de terminar en una celda regularmente son similares a las nuestras; no se trata de psicópatas sedientos de sangre y venganza, sino de personas que por distintos motivos recibieron castigo en nombre de la justicia (un término por demás relativo).

En otras palabras, todos somos criminales en potencia hasta que un tribunal decide si eres inocente con base en lo dicho por testigos, pruebas, interpretaciones, y juegos retóricos por parte de la defensa, quien juega un papel crucial al momento de encauzar los juicios. Esto, claro, con toda la supuesta objetividad e imparcialidad de la ley, si presuponemos que tal cosa es posible al momento de resarcir por la vía legal la falta cometida. Todo esto se lleva a cabo al interior de distintos órdenes de discurso hablado o escrito, con su propia lógica y reglas de veridicción(1) bajo un régimen de verdad a partir del cual se dicta la sentencia del acusado. No obstante, poco se ha explorado el ámbito de lo estético como “catalizador” de las sensibilidades que abra un campo interpretativo distinto al mar de situaciones que se viven día a día en las penitenciarías, y a partir del cual se dimensionen las problemáticas de los reclusos como algo más relacionado con el deseo de poder (bajo el manto ficticio de la verdad) que con los procesos de subjetivación de cada individuo.

Guido Gazzilli (Roma, 1983) es un fotógrafo que ha trabajado el tema de lo disruptivo desde distintas aristas, y una de ellas es el ámbito de la fotografía documental, como lo hizo en un proyecto reciente sobre los presos y sus relatos visuales a partir de una serie titulada Prision Memories. Para este número decidimos entrevistarlo para conocer con más detalle su interés por capturar los rostros de estos reclusos al interior de la prisión misma.

P: ¿Prision Memories fue un proyecto consistente desde el principio o algo que evolucionó conforme realizaste las fotografías?
G: Inicialmente, quise curar una exhibición al interior de unas prisiones en Italia, pidiendo a varios autores que donasen sus obras para embellecer lugares de sufrimiento y aislamiento como una cárcel. Así, entendí que la interacción de un prisionero con las fotografías podía hacer del proyecto algo más completo en un nivel terapéutico, y decidí pedir a los prisioneros que escribiesen historias de lo que sentían al mirar las imágenes. Elegí este patrón porque quería que ellos dijeran algo sobre sí mismos, que hiciera surgir emociones que las prisiones usualmente reprimen.

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P: ¿Nos puedes contar un poco sobre tu visión personal acerca de la de fotografía documental como forma de denuncia social?
G: Normalmente uso la fotografía para decir algo sobre mí a través de los otros, pero cuando trabajo en cuestiones que involucran a la sociedad trato de adquirir experiencia humana antes de arrojar imágenes como resultado. El trabajo entonces viene de manera automática, si ciertas barreras mentales son liberadas y se establece una relación de mutua confianza.

P: ¿Está relacionado de alguna manera con Prision Memories?
G: Creo que los prisioneros encuentran difícil el recordar lo emocional, pues el sentir o rememorar tales emociones puede herirte a nivel psicológico. El proyecto está relacionado con la memoria, para superar ciertos mecanismos que bloquean y liberarse de las emociones negativas.

P: ¿Qué es lo más satisfactorio al momento de retratar a estas personas rechazadas por la sociedad?
G: La fotografía crea conexiones. Mientras hacía los retratos al interior de la prisión muchos reclusos se conocieron y se hicieron amigos. Las fotos que tomé durante estos encuentros fueron puestas por ellos mismos en las paredes de sus celdas por varios meses, como si fuese la única cosa preciada que tuviesen ahí. Entendí que uno nunca debe juzgar a una persona, ya que la prisión te enseña que todos somos iguales, y que puedes mejorar a partir del error cometido.

P: ¿Y lo menos satisfactorio?

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G: Tuve un mal episodio, cuando uno de los reclusos quería hacerme su mensajero con otros miembros de la misma mafia al interior de la cárcel. Incluso me persiguió después de ser liberado, y tuve que llamar a la policía varias veces.

P: ¿Crees que una fotografía puede revelar algo sobre la gente que las palabras no?
G: La fotografía es un medio muy poderoso, pero usualmente podemos caer en ideas erróneas sobre la gente si no contextualizamos la imagen, entonces se vuelve todavía más difícil tener una idea corre ta sobre lo que vemos y podemos hacer generalizaciones negativas. Por otro lado, por supuesto que una fotografía puede decir muchas cosas si se mira con cuidado y se observan los detalles.

P: ¿Ves algo de ti en ellos?

G: Honestamente, me sentí uno de ellos enseguida. Crecí en las calles, y algunas dinámicas en común son parte de mi trasfondo cultural. Me siento fascinado por el mundo criminal.

P: ¿Por qué?

G: Porque creo que cualquiera de nosotros es capaz de cometer un error y terminar en prisión. Podemos ser desafortunados o simple- mente no conocer un tipo de realidad distinto.

P: ¿Has pensado en hacer algo en conjunto con la comunidad LGBT+ en las prisiones?
G: Sería muy interesante. En Italia las personas con diferente orientación sexual son colocadas en celdas o edificios aparte. Me gustaría intentarlo, es una buena idea para seguir con mi trabajo en las prisiones.

P: ¿Crees que es posible que el trabajo de la fotografía editorial de moda pueda estar relacionado con todo esto sin trivializarlo? G: Creo que sería interesante hacer un shooting con prisioneros reales. Algunos tienen gran estilo y físicamente suelen ser grandes personajes.

P: ¿Por qué?

G: Los prisioneros ponen especial atención a la imagen, tienen referencias muy definidas. Les encanta la moda que está relacionada al mundo criminal sobre todas las demás, como a la música o a los deportes. La prisión es una pequeña ciudad donde todo se mezcla, donde casi todo es posible.

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(1) Según la terminología foucaultiana, tal noción apunta a la injerencia de la verdad en el gobierno de la vida.