GG Allin: El gran perdedor

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Por Sergio Orospe

Fue prolífico, no hay duda. Polémico, tampoco la hay. Escandaloso en un medio en el que causar escándalo es difícil. De hecho escandaloso y polémico sería lo que yo hubiera grabado en su lápida si me hubieran preguntado, pero también perdedor.

Comencemos por el principio. Pensemos en que se es un adolescente white trash hasta la médula con toda la intención de convertirse en “la estrella de rock más grande de todos los tiempos” (como él se autoproclamó constantemente), y encontramos el primer inconveniente: tu nombre de pila es Jesus Christ Allin… La primer broma pesada que la vida le jugó fue el nombre con el que fue bautizado porque su padre insistió en que Jesucristo lo visitó y le ordenó nombrar así a su hijo recién nacido. El pequeño Jesucristo nunca fue un alumno muy brillante, incluso asistió a una escuela de educación especial y abandonó la escuela poco antes de terminar la preparatoria.

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En ese tiempo cayó en cuenta que lo que quería hacer en su vida era música. Junto con su hermano mayor (que fue quién le dio el mote de GG al no poder pronunciar Jesus y decirle “JEJE”) formó una banda que covereaba a Aerosmith (…) Kiss (…) y otras exitosas bandas del momento . ¿Cómo fue que un tipito que covereaba Aerosmith con su hermano mayor terminó comiendo mierda sobre el escenario un par de años después? Podríamos comenzar por el hecho de que formó parte de diversas agrupaciones como Malpractice, The Jabbers o The Texas Nazis. Tuvo problemas con todos y ganó una discreta fama por sus excesos y locuras en las presentaciones en vivo. Allin se fue enganchando cada vez más a las drogas y el alcohol. Aunque cambiaba constantemente de banda, comenzó a ser él quien llamaba la atención y atraía como imán a un cada vez mayor grupo de seguidores. Ya que su fuerte (siendo músico) no era componer canciones ni cantar o tocar bien, comenzó a desmadrarse más y más en el escenario. Le funcionó; la gente ya no iba a verlo cantar o a escuchar a la banda tocar sino a ver qué haría GG en esta ocasión ¿Se rompería una botella de whisky en la cabeza? ¿Tomaría orines? Nadie lo sabía. O bueno sí, sabían que alguna de esas cosas pasaría o quizás todas al mismo tiempo. O se pelearía con alguien, o cagaría y luego aventaría la mierda al público… era el show que el público pedía, exigía.

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No toda la producción musical de Allin giraba en torno de misoginia, pedofilia y demás “escandalosos” temas. Era un fanático de Hank Williams, leyenda del country. Reescribió varias de sus canciones. Incluso hizo un disco country llamado “Carnival of Excess”. Sin embargo lo suyo, lo que aclamaba el público era sangre y excesos, huesos rotos, que el pobre Jesucristo se atiborrara de laxantes antes de una presentación para tener suficiente material para satisfacerlos.

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Allin siempre prometió suicidarse en el escenario. Cambiaba constantemente la fecha en la que lo haría pero siempre estaba la promesa presente. En el 89, Allin prometió en una entrevista que la fecha exacta sería el Halloween de 1990. Cuando el día llegó, GG se encontraba preso y así cada siguiente Halloween hasta el 92. Imaginando la mentalidad de alguien como Allin, la idea de mantener en vilo al público deseando verlo morir debió haber sido excitante. Estoy seguro que la idea realmente pasaba por su cabeza, que esperaba hacerlo realidad sin avisar en algún punto de los noventas. Sin embargo la vida le jugó una última y final broma pesada: el 27 de junio del 93, Allin tuvo una sobredosis accidental de heroína y se quedó dormido en el departamento de un amigo. Había gente emborrachándose y todos se tomaban fotos con Allin “dormido”, sin darse cuenta que en realidad estaba muriendo. A la mañana siguiente alguien llamó a una ambulancia y fue declarado muerto.

Nada salió como Allin hubiera deseado, o tal vez si. Quería ser músico, pero más aun quería ser famoso y lo consiguió. Se reventó el hocico literalmente para conseguir esa mediana fama, comió mierda, se rompió huesos, bebió orines y se destruyó de todas las formas posibles pero lo consiguió. No murió en el escenario y fue ridiculizado en su agonía, pero eso lo convirtió de cierta forma en una leyenda. Un gran perdedor, el mayor de todos los perdedores del rock.